Perdí lo que más amaba
- Kurt Bendfeldt
- 19 mar
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 19 mar

Mi historia no terminó… la rompieron en miles de pedazos, como que no hubiera tenido nunca base. no valió lo que pensé que ERA TODO.
No con tiempo.
No con desgaste.
No con despedidas que preparan el corazón.
Todo paso en un instante.
En mi caso, en apenas 66 minutos. Y sólo 26 antes un "te amo" "termino y bajo" "te amo"
Estudie el caso durante 170 días y encontré 12 razones de las cuales 5 eran heridas, 3 familiares y el resto una ilusión nueva. Un mapa completo el problema para mi creció porque lejos de odiar la ame más, porque ahora la conocía por dentro como nunca antes. Raro pero así es el amor.
Después de más de diez años de convivencia, de vida compartida, de aprendizajes, de crecimiento, de construir algo que no solo se decía… se vivía, todo cambió. Sin explicación. Sin una razón clara. Sin ese último momento que al menos permite entender.
Había planes.
Había futuro.
Había una historia que ya no estaba empezando… estaba consolidada.
Hablábamos de hijos. Nos preparamos clínicamente, hipotéticamente emocionalmente, soñaba yo que saliera con sus ojos.
De matrimonio. Tenía ya todo para la cena de compromiso en donde le pregunte "que pasa si tu familia se opone" y me dijo "Dios esta con nosotros y seguimos adelante porque te lo prometí y te lo juré y te amo"
De lo que venía, muchos planes, viaje de compromiso sorpresa que hice solo.
Y aun así, en menos de una hora, todo desapareció.
Hay algo que sigo sosteniendo con el corazón en calma:
No perdí un tiempo.
Perdí a la persona que más amaba.
Porque lo que vivimos fue real. Por lo menos para mi.
Fue profundo, porque le creí cada palabra, cada beso, cada abrazo.
Fue sincero, de mi parte porque siempre pensé que éramos promesa.
Ella no fue para mi una ilusión momentánea.
Fue un amor que creció con los años, que se fortaleció en los momentos difíciles, que aprendió a caminar junto incluso cuando la vida no era sencilla.
Y por eso duele, porque simplemente me dejaron como una servilleta en una mesa.
Porque cuando algo es verdadero, no se reemplaza… se queda. Pero fui reemplazado.
Lo nuestro no terminó porque el amor se acabara, de mi parte.
Terminó porque el ruido fue más fuerte que el silencio del corazón.
Porque hubo voces externas.
Presiones.
Ilusiones nuevas que llegaron como una promesa distinta.
Y en medio de todo eso, el corazón —que sabía, que sentía, que amaba— quedó en segundo plano, triste, solo. Un con todo el amor lleno a lo largo y ancho.
A veces el amor no se pierde por falta de sentimiento.
Se pierde por decisiones, que no fueron tomadas de común acuerdo. Fueron egoístas.
Por no sostener lo que se tenía.
Por no proteger lo que ya era hogar.
Por dejar que otros definan lo que uno mismo ya había elegido.
Y aun así… no hay odio en mí.
Trato de que haya comprensión porque cuando amas de verdad, perdonas de verdad.
Porque después del dolor, después del silencio, después de intentar entender lo que parecía incomprensible, algo se ordenó dentro de mí.
Entendí que todos somos el resultado de nuestras heridas, de nuestras influencias, de lo que aprendimos o no aprendimos sobre el amor, la lealtad y el compromiso.
Y eso no justifica.
Pero sí permite perdonar.
Hoy puedo decirlo con verdad:
Te perdono, porque aún hoy 19 que es una fecha que fue importante la sigo amando.
No desde la resignación.
No desde la debilidad.
Sino desde un amor que decidió no volverse amargura.
Porque lo que vivimos fue demasiado valioso como para ensuciarlo con rencor, por lo menos de mi parte. Ella se olvido de mi. No se como lo hizo yo no puedo cada segundo esta en mi mente.
Porque mi amor no dependía solo de lo que recibía, sino de lo que era, fue algo con un valor que no puedo describir.
Y lo que era… sigue siendo.
Sigo creyendo con firmeza: Si me lo hubiera dicho hubiera huido con ella de su mundo y del mío porque al final ella era mi mundo, mi todo.
Dios no une historias profundas por accidente, y eso ella no lo entendió.
No permite encuentros de este nivel para que simplemente se pierdan sin sentido. A veces el tiempo se rompe, las decisiones se equivocan, los caminos se separan… pero eso no significa que la historia haya terminado. En este día creo que para ella no tiene ningún valor lo que se vivió simplemente porque desapareció fisicamente, pero no pudo silenciar o bloquear mi amor, mis recuerdos, mis anhelos.
A veces significa que aún no se ha entendido.
Yo sigo creyendo en la restauración. Como humanos cometemos errores, no justifica nada pero si tiene valor el enfrentar decidir, llegar a hablar, cualquier cosa que honre el amor. Pero para ella es difícil porque sus manos ya son arropadas, mientras las mías se quedaron frías de día y de noche.
Mi Fe sigue siendo sólida, porque no se basa en la culpa ni el pecado. Se basa en audacia, convicción. Quizas un día me recuerde y se de cuenta que perdió algo real. Alguien que estaba para ella, que creía en ella, pero le pusieron música en el oido y me saco de su corazón sin melodías solo con un silencio brutal.
Desde la certeza de que cuando algo es verdadero, puede volver a alinearse, puede reconstruirse, puede sanar. Eso lo creo, pero no se si ella también lo cree. A veces me imagino que me llama y me dice, sacame de aquí. Como un día nos prometimos.
Si Dios obrará en su corazón y validara ella lo que teníamos, se que podríamos iniciar nuevamente.
No igual.
Mejor.
Mi amor no se rompió.
Se transformó.
Se volvió más consciente.
Más profundo.
Más limpio.
Hoy no te busco desde la desesperación.
Te sostengo desde la esperanza.
Y mientras tanto, sigo caminando.
Con respeto por lo que fue.
Con gratitud por lo vivido.
Con fe en lo que puede ser.
Porque perder lo que más amaba no me destruyó.
Me enseñó.
Y si algún día nuestros caminos vuelven a encontrarse, quiero que sea desde la verdad, desde la madurez y desde un amor que ya no tenga miedo.
Y si no…
seguiré agradeciendo haber amado así. Aún cuando no haya sido recíproco, porque cada día que pasa me convenzo más que sólo vivi yo el amor.
Dónde estes comiendo panqueques, churros, café, cantando, jugando, o lo que sea, ojalá haya valido la pena que me dejaras y que tu vida tenga la luz que siempre vi en ti.
Y si en tu corazón aún piensas que se puede. Mi amor estará aquí esperándote con amor real.
"Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien."
— Romanos 8:28











