top of page

Apego desorganizado: amar y huir al mismo tiempo (origen, conducta y sanación)

  • Foto del escritor: Kurt Bendfeldt
    Kurt Bendfeldt
  • hace 18 minutos
  • 3 Min. de lectura

El apego desorganizado es uno de los patrones vinculares más complejos y dolorosos que existen, porque no responde a una falta de amor, sino a una historia de amor inseguro. En quien lo vive conviven dos impulsos opuestos: una necesidad profunda de cercanía y, al mismo tiempo, un miedo intenso a ella. Es el “te necesito” y el “aléjate” ocurriendo casi a la vez. Desde fuera parece incoherencia; por dentro es supervivencia aprendida.

1) El origen: cuando quien cuidaba también asustaba

Este apego suele gestarse en la infancia, en contextos donde la figura que debía proteger fue impredecible, ausente, crítica, invasiva o, en el peor de los casos, fuente directa de temor. Puede haber habido momentos de cariño, sí, pero mezclados con rechazo, silencio, castigo o confusión. El mensaje que el niño internaliza no es “no soy amado”, sino algo más enredado: “el amor duele” o “la cercanía es peligrosa”.

El sistema nervioso aprende entonces a vivir en alerta. No desarrolla una estrategia clara (acercarse con seguridad o alejarse con calma), sino una respuesta caótica: buscar vínculo y huir de él. Ese aprendizaje no se borra con la adultez; se reactiva en relaciones íntimas, trabajo, liderazgo y decisiones importantes.

2) La conducta: cómo se manifiesta en la vida adulta

No hay un solo modo de expresarlo, pero aparecen patrones recurrentes:

  • Inicio intenso de vínculos: conexión rápida, sensación de destino, promesas profundas.

  • Miedo al abandono que convive con conductas que empujan al otro lejos: silencios abruptos, distancia repentina, sabotaje justo cuando la relación se estabiliza.

  • Ambivalencia constante: hoy deseo compromiso, mañana me siento atrapado/a.

  • Reacciones impulsivas ante conflictos (ataques, huida o congelamiento), seguidas de culpa y vergüenza.

  • Dificultad para confiar, incluso sin señales reales de peligro.

  • Congelamiento: no se enfrenta ni se va; se paraliza y posterga decisiones clave.

Esto no es manipulación consciente. Es un cuerpo que reacciona antes de que la razón llegue. El presente se vive con lentes del pasado. La persona quiere amar, pero su historia le grita que amar es arriesgarse a perderse.

3) El impacto: relaciones, trabajo y crecimiento

En pareja, el apego desorganizado crea una montaña rusa emocional: picos de conexión seguidos de valles de distancia. Quien ama a alguien con este patrón suele sentirse confundido, agotado e inseguro. El daño no siempre es intencional, pero es real. Sin trabajo personal, se rompen vínculos que podrían haber sido sanos.

En el trabajo y el crecimiento personal aparecen el autosabotaje (abandonar cuando algo va bien), el miedo a la autoridad o a la exposición, la dificultad para sostener procesos y el abandono justo antes de consolidar un logro. El patrón no discrimina: se infiltra donde hay cercanía, evaluación o expectativa.

Aquí una verdad necesaria: comprender el origen explica la conducta, pero no elimina la responsabilidad adulta. La herida no es culpa; la sanación sí es responsabilidad.

4) La sanación: del caos a la seguridad

Sí, se puede sanar. Pero no con frases bonitas ni con promesas de “ahora sí voy a cambiar”. La sanación empieza por sentirse a salvo dentro de uno mismo. No se trata de amar mejor al otro primero, sino de regular el propio sistema nervioso.

El camino incluye:

  • Conciencia sin maquillaje: nombrar el patrón y reconocer cuándo se activa.

  • Terapia enfocada en trauma y regulación emocional.

  • Rutinas de seguridad: sueño, movimiento, respiración, límites claros.

  • Vínculos predecibles: coherencia entre palabras y actos, tiempos claros, acuerdos explícitos.

  • Verdad y límites: pedir lo que se necesita y aceptar consecuencias sin castigar ni huir.

Sanar no es volverse frío ni distante; es ordenar el caos interno para que el amor deje de sentirse como amenaza y se vuelva hogar. Y para quien ama a alguien con este apego: amar no es tolerar todo. Los límites también son amor.

5) La responsabilidad que libera

El apego desorganizado no hace mala a una persona. Pero sí puede volverla peligrosa emocionalmente si no se responsabiliza de su proceso. Amar implica hacerse cargo de lo que llevamos dentro para no convertir a quien nos ama en campo de batalla.

La buena noticia es profunda y concreta: lo que se aprendió en el desorden puede reaprenderse en la seguridad. El cerebro cambia. El cuerpo aprende. El corazón descansa cuando la verdad guía los pasos.


Si estas pasando por esto escribeme: kurtbendfeldt@gmail.com


Dios no nos ha dado espíritu de temor, sino de poder, de amor y de dominio propio.” — 2 Timoteo 1:7

 
 
 

Comentarios

Obtuvo 0 de 5 estrellas.
Aún no hay calificaciones

Agrega una calificación

Formulario de suscripción

¡Gracias por tu mensaje!

©2020 por KURTBENDFELDT. Creada con Wix.com

bottom of page