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  • Foto del escritorKurt Bendfeldt

El Kintsugi

Escuche una predica del pastor Dante Gebel, en donde él hablaba de el Kintsugi. Y me llamo la atención el poder investigar sobre este método de reparación japonés.


El kintsugi, que en japonés significa "reparar con oro", es mucho más que una mera técnica de restauración. Es una filosofía que abraza la belleza de la imperfección y la transitoriedad de la existencia. Esta ancestral práctica japonesa convierte las cicatrices de objetos quebrados en rasgos destacados, llenándolos de oro, plata o platino. Lejos de ocultar sus heridas, el kintsugi las celebra, otorgándoles un nuevo nivel de belleza y singularidad.

 

La esencia del kintsugi se alinea con la filosofía wabi-sabi, que encuentra belleza en la imperfección, lo efímero y lo modesto. Al destacar las grietas y reparaciones, el kintsugi nos enseña a aceptar las marcas del tiempo y los accidentes como parte de la historia de un objeto, no como defectos que necesitan ser escondidos. Esta metodología no solo devuelve la utilidad a la pieza, sino que también la transforma en una obra de arte, muchas veces considerada más valiosa y hermosa que en su estado original.

 

El proceso de kintsugi es meticuloso y reflexivo, simbolizando un acto de curación y renacimiento. Requiere paciencia, precisión y una profunda contemplación sobre el valor intrínseco de los objetos y la vida misma. Cada pieza reparada es única, portando consigo una historia de resiliencia y transformación. En un mundo donde lo nuevo y lo perfecto a menudo se valoran sobre todo lo demás, el kintsugi nos recuerda la importancia de la historia, la memoria y la aceptación de las imperfecciones.

 

Más allá de su aplicación en la cerámica o la porcelana, el kintsugi ofrece una poderosa metáfora para la vida humana. Nos enseña a enfrentar nuestras propias "roturas" con gracia, a encontrar belleza en nuestras cicatrices y a valorar las experiencias que nos han moldeado. Al igual que las piezas reparadas con oro, podemos ver nuestras imperfecciones no como fallas, si



no como marcas de nuestro viaje único y pruebas de nuestra capacidad de superación.

 

En resumen, el kintsugi no solo repara lo que se ha roto, sino que también ofrece una nueva perspectiva sobre la belleza, el valor y la transformación. Nos invita a reconsiderar nuestra relación con los objetos materiales y, más profundamente, con nosotros mismos y con los demás. Al celebrar las fracturas en lugar de esconderlas, nos recuerda que, en la aceptación de nuestras imperfecciones, podemos encontrar una fuente inesperada de fortaleza, belleza y gracia.

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