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En la soledad

Me encuentro en la soledad, no como un castigo ni como una condena, sino como un espacio que la vida me obligó a mirar de frente.


En un contraste, la persona que habita en mi corazón, ya toma otra mano, da otros besos y se ha olvidado de más de una década que le di mi amor. Se ha desaparecido dejandome como algún dia prometio no hacerlo. Su recuerdo vive a cada momento en mi mente, en todos los viajes que he hecho va conmigo. Me cambio, me dejo roto, con ilusiones, sueños. Pero no fui suficiente, solo huyo a otros brazos.


Durante mucho tiempo creí que la soledad era ausencia, que era el vacío que dejaba alguien cuando se iba o el silencio que quedaba cuando las palabras se agotaban. Pero hoy empiezo a comprender que la soledad no siempre es pérdida; muchas veces es un territorio necesario para reconstruir lo que quedó roto por dentro.


La soledad no llega de forma suave. Llega como un eco que resuena en los momentos más inesperados, cuando la casa se siente demasiado silenciosa o cuando los recuerdos aparecen sin permiso. En ese espacio, uno se enfrenta a preguntas que antes evitaba: ¿Quién soy cuando nadie me acompaña? ¿Qué queda de mí cuando las voces externas desaparecen? La soledad revela verdades que el ruido cotidiano escondía, y aunque al principio duele, también enseña. Sentado viendo el mar en un lugar lejano. Lleno de ilusiones en esta fecha que resuena en mi pecho, ya que existían planes hermosos que se esfumaron.


La soledad es como caminar por un desierto que parece interminable. Al inicio se siente el cansancio, la sed emocional y la sensación de que no hay salida visible. Pero con el tiempo, ese mismo desierto se convierte en un lugar de aprendizaje. Allí se descubren fuerzas que antes no se conocían, pensamientos que estaban enterrados y emociones que necesitaban ser comprendidas. La soledad no destruye; transforma, siempre y cuando se enfrente con valentía.


Muchas personas temen a la soledad porque la asocian con abandono o fracaso. Sin embargo, la verdadera amenaza no es estar solo, sino no saber estar con uno mismo. Cuando alguien evita la soledad a cualquier costo, termina llenando su vida con distracciones, relaciones superficiales o decisiones apresuradas que solo buscan silenciar el vacío. Pero la soledad que se acepta con madurez se convierte en una herramienta poderosa para sanar heridas, reorganizar pensamientos y recuperar la identidad perdida.


En este tiempo de soledad, también se revela lo que realmente pesa en el corazón. Aparecen recuerdos que aún duelen, promesas que no se cumplieron y preguntas que no tuvieron respuesta. Pero lejos de destruir, este proceso permite comprender que el dolor no define la vida, solo señala aquello que necesita ser sanado. La soledad se convierte entonces en un espacio donde uno aprende a escucharse sin interrupciones y a reconocer sus propias necesidades.


Dios no creó la soledad para que el ser humano se pierda en ella, sino para que aprenda a encontrarse. En los momentos más silenciosos es donde muchas veces se escucha con mayor claridad la voz interior que guía, que corrige y que fortalece. La fe no elimina la soledad, pero le da sentido. Permite entender que incluso en los momentos donde parece no haber compañía, existe una presencia que sostiene y orienta.


Encontrarse en la soledad no significa estar derrotado, significa estar en proceso. Es el momento donde se reconstruyen los cimientos emocionales, donde se aprende a depender menos del ruido externo y más de la estabilidad interna. La soledad bien vivida no es enemiga del amor; es la preparación necesaria para que el amor, cuando llegue, encuentre a una persona más fuerte, más clara y más consciente.


Me encuentro en la soledad, pero ya no con miedo. Me encuentro en ella con respeto, con paciencia y con la certeza de que este tiempo no es el final de la historia, sino el inicio de una nueva versión de mí mismo. Porque la soledad que se acepta con dignidad deja de ser oscuridad y se convierte en una luz silenciosa que guía el camino hacia la plenitud emocional.


"Bueno es esperar en silencio la salvación de Jehová."

— Lamentaciones 3:26

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