Mi Mariposa Azul 🦋
- Kurt Bendfeldt
- hace 12 minutos
- 5 Min. de lectura

Me tarde mucho haciendo este conjunto de letras con mucho amor, a las alas más bonitas que abrace, besé, cuide, y amé. Es dedicado a la persona más especial de mi vida. Sin que ella la vea nunca; ojalá pueda sentir la energía con que la escribí. Porque aun cada latido de mi corazón lleva su nombre y su aleteo vibra en mi mente cada segundo.
La llamé por primera vez mi mariposita azul, le di una de vidrio como primer regalo.
No porque sus alas fueran visibles
ni porque el cielo hubiera decidido dibujarla así,
sino porque había algo en ella
que parecía hecho de viento,
de luz,
de algo demasiado hermoso
para pertenecer completamente a la tierra.
Llegan volando.
Y así llegó ella a mi vida.
Sin anunciarse.
Sin advertir que su presencia iba a cambiar
cada rincón de mi corazón.
Apareció como aparecen los milagros:
cuando uno no los busca
y cuando menos los espera.
La amé incluso antes de que me amara.
La amé cuando apenas era una posibilidad
y su nombre aún no tenía un lugar permanente
dentro de mis pensamientos.
La amé cuando su risa comenzaba a quedarse
un poco más de lo normal en el aire.
La amé cuando su mirada aún no sabía
que algún día encontraría refugio en la mía.
La amé en silencio,
con esa clase de amor
que no necesita promesas
porque ya sabe que es verdadero.
Y entonces sucedió.
Ese instante invisible
que nadie ve
pero que cambia el destino de dos vidas.
Ese momento en el que dos almas comprenden
que ya no quieren caminar solas.
Con ella aprendí cosas que nadie me había enseñado.
Aprendí que el amor puede ser hogar.
Aprendí que la paz puede tener nombre.
Aprendí que hay personas
que no solo llegan a tu vida
sino que llegan a tu alma.
La amé en los días simples.
En las tardes tranquilas
donde el mundo parecía detenerse
solo para dejarnos existir.
La amé en su risa
esa risa que podía romper la tristeza
como si fuera un vidrio frágil.
La amé en sus ojos
donde cabían universos completos.
La amé en su cabello
que caía como una noche suave
entre mis manos.
La amé en su aroma
ese aroma que incluso hoy
parece cruzar el aire
como si los recuerdos
también supieran respirar.
La amé en sus caricias
que tenían el extraño poder
de hacer que el tiempo olvidara avanzar.
La amé en su fuerza.
Porque detrás de su dulzura
vivía una mujer valiente,
una mujer que llevaba dentro
la determinación de quienes han sobrevivido
a más batallas de las que el mundo imagina.
Ella era suave
y fuerte al mismo tiempo.
Fragilidad y coraje
respirando en el mismo cuerpo.
Y yo la admiraba
como se admira algo irrepetible.
Pero un día…
mi mariposita azul
voló.
No hubo ruido.
No hubo gritos.
No hubo una tormenta que anunciara su partida.
Solo el silencio.
Su aleteo se retiro de mi pecho, sus besos se secaron en mis labios, sus alas dejaron de abrazarme, sus emociones tomaron otro rumbo, sus sueños cambiaron. Me dejo moribundo. Me había enseñado a volar y cuando amanecí ya no tenía la fuerza para moverme.
Ese silencio profundo que tiene mucho volumen
que dejan las alas
cuando dejan de aletear a tu lado.
Se fue hacia otro lugar
Un lugar al que mis manos
ya no podían seguirla.
Cuando la encontré como promesa hecha.... Mi mariposita azul, no me reconoció
Ese día entendí
que el corazón humano
puede romperse
en más pedazos
de los que uno pensaba posibles.
Me rompí.
Me quebré por dentro
como se quiebra un cristal
cuando el amor que sostenía tu mundo
decide tomar otro rumbo.
Pero hubo algo
que ella nunca pudo romper.
Mi amor por ella.
Porque amar de verdad
no desaparece
cuando la persona se va.
Amar de verdad
no depende de la distancia.
Ni del tiempo.
Ni siquiera del silencio.
El amor verdadero
se queda,
aguarda.
Se queda en la memoria.
Se queda en el aire.
Se queda en las noches largas
donde el pensamiento inevitablemente
vuelve a pronunciar su nombre.
La extraño. La extraño mucho.
La extraño de día
cuando el sol ilumina mi cuarto.
y recuerdo cómo brillaban sus ojos.
La extraño por las tardes
cuando el mundo se vuelve lento
y su ausencia pesa más.
La extraño en la noche
cuando la cama se vuelve demasiado grande
para un solo corazón, que sigue latiendo.
La extraño en las comidas
porque había algo en su forma de estar a mi lado
que hacía que cualquier mesa
se sintiera como hogar, así me lo enseño.
La extraño en el aire
cuando creo sentir su aroma
cruzando el viento o veo su silueta caminando.
La extraño en las canciones
porque muchas de ellas
todavía parecen pronunciar su nombre.
La extraño en los pequeños momentos
que antes parecían simples
pero que hoy se han vuelto
los recuerdos más valiosos que tengo, esos aún me dan fuerzas hoy.
Ella me enseñó tantas cosas.
Me enseñó a creer en los milagros.
Me enseñó que el amor
puede ser más grande
que cualquier miedo.
Me enseñó que cuando dos almas se encuentran
algo dentro del universo
se acomoda.
Pero hubo algo
que nunca me enseñó.
Nunca me enseñó
a perderla.
Porque yo siempre imaginé
que su vuelo terminaría
donde había comenzado.
A mi lado.
Yo quería caminar con ella
hasta el final de todos los caminos.
Hasta el último invierno.
Hasta la última tarde.
Hasta el último sueño realizado.
Hasta la silla que nos mesería viendo a nuestros nietos.
Hasta el último latido de nuestras vidas.
Mi mariposita azul me mostró el amor
Lo sentí.
Lo siento.
Lo toque.
Lo Besé.
Lo abrace.
Entendí que la belleza existe y para mi solo tuvo una forma,
que respiraba, que hablaba, que soñaba...que me besaba, que me cuidaba.
La vida puede regalarnos un milagro
aunque solo dure un instante
en la eternidad.
Y aun así…
si el destino me preguntara
si volvería a amar así
sabiendo que un día
ella iba a volar…
mi respuesta sería la misma.
Sí.
Mil veces sí.
Porque haber amado
a mi mariposa azul
fue el privilegio más hermoso
que la vida
y Dios
pudieron regalarme.
Y aunque sus alas
ya no vuelen junto a mí,
y ahora tenga otro lugar.
En mi habitan las memorias
que nunca mueren,
Eso jamas se podrá bloquear.
mi corazón sigue esperando....
que un día
Mi mariposita azul
decida regresar
y posarse nuevamente
en el único lugar
donde siempre tuvo hogar.
mi corazón. 🦋
En nuestro hogar siempre habrá amor para ti... Mi mariposita azul (mi rinquincaya)












