Refugio temporal (infidelidad)
- Kurt Bendfeldt
- hace 1 día
- 3 Min. de lectura

Hay corazones que no saben estar solos. Y no se pueden sostener.
Y en el miedo a la soledad, comienzan a construir puentes antes de haber cerrado puertas. Pensando que es lo mejor, por libertad, por probar, por vivir la vida, por darse la oportunidad o simplemente unas palabras bonitas cambiaron la direccióm
El problema no es enamorarse. El problema es hacerlo mientras aún se habita otra historia.
Existen dos escenarios que, aunque distintos, comparten la misma raíz emocional: el vacío no trabajado.
El primero ocurre cuando alguien inicia una ilusión nueva antes de terminar la relación actual. No siempre comienza con un beso. A veces empieza con mensajes, con complicidades, con conversaciones que ya no son inocentes. Psicológicamente, esto se llama desvinculación progresiva con sustitución emocional. La persona no ha terminado, pero ya está saliendo. No ha cerrado, pero ya está buscando.
En términos claros: es infidelidad emocional, y muchas veces física. Ya que los vacíos que traen son exageradamente amplios
¿Por qué sucede?
Porque cerrar duele. Porque enfrentar la ruptura implica culpa, conversación incómoda, responsabilidad. Entonces el cerebro busca anestesia. Y nada anestesia más rápido que una nueva dopamina, una nueva validación, una nueva ilusión.
Pero esa ilusión no nace sana.
Nace como escape.
En el segundo escenario, la relación sí termina… pero el duelo no se permite. No hay espacio para procesar. No hay silencio. No hay introspección. Apenas se rompe el vínculo, aparecen otros brazos.
Esto no siempre es amor.
Es regulación emocional externa.
Desde la psicología del apego, se entiende como una estrategia de evitación: sustituir rápidamente el dolor con presencia física, afecto inmediato, compañía constante. El sistema nervioso busca calmar la abstinencia emocional como quien intenta apagar un incendio con gasolina.
Porque el duelo es abstinencia, y claro tiene una forma y manera de honrar tanto lo que se vive como lo que se vivio por eso se llama duelo.
Y el cerebro, acostumbrado a la oxitocina del vínculo anterior, entra en déficit. Entonces aparece el reemplazo inmediato como “refugio temporal”.
Pero lo temporal no sana lo profundo.
En ambos casos, el daño es doble. Se hiere a otros… y se hiere a uno mismo.
Quien inicia algo sin cerrar lo anterior, fragmenta su identidad. Vive dividido entre la culpa y la emoción nueva. Construye una relación sobre cimientos inestables, porque lo que empieza en huida rara vez se sostiene en verdad. Y siempre saldrá a la luz, lo que genera otro impacto para la persona.
Quien reemplaza rápido evita el vacío, pero también evita el aprendizaje. No se pregunta qué falló. No revisa patrones. No asume responsabilidades. Y lo no trabajado vuelve a repetirse.
Clínicamente, estas conductas suelen estar ligadas a:
Miedo profundo al abandono.
Apego ansioso o evitativo.
Baja tolerancia al dolor emocional.
Necesidad constante de validación externa.
Dependencia afectiva.
El problema no es necesitar amor.
El problema es usar a alguien como analgésico.
Un refugio temporal puede aliviar la tormenta…
pero no reconstruye la casa.
La sanidad emocional requiere pausa. Requiere silencio. Requiere duelo. Requiere la valentía de quedarse solo el tiempo suficiente para entender qué se rompió y por qué.
Porque el amor sano no se construye desde la huida.
Se construye desde la integridad.
Cerrar una relación con honestidad es respeto.
Vivir el duelo sin reemplazos inmediatos es madurez.
Elegir no usar a otro como escape es responsabilidad emocional.
Y aunque el vacío asuste, enfrentarlo fortalece.
El refugio temporal puede parecer salvación.
Pero la verdadera restauración comienza cuando se aprende a sostener la propia soledad sin traicionar procesos.
“El que encubre sus pecados no prosperará;
mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.”
— Proverbios 28:13
No todo lo que consuela es correcto.
No todo lo que calma es sano.
A veces, lo más valiente no es encontrar otros brazos…
sino aprender a sostener los propios.










