Salvaje (Génesis 2:7-8)
- Kurt Bendfeldt
- hace 6 horas
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Hay un “salvaje” santo dentro de ti: no el caos que destruye, sino la vida que respira. La alabanza Salvaje (Genesis 2:7-8) de Jeremy Bosch, lo grita: no somos hijos de palacios, sino de monte y mar, de tierra y sal. Dios te formó con manos de barro y te encendió con aliento. Por eso cuando intentas amar “domesticado”, por miedo, por apariencia o por quedar bien, alguien o algo se apaga. El amor verdadero corre libre: no para herir, sino para ser íntegro.
“Siento tu voz, tierna y feroz…”. Esa es la paradoja de Dios: tierno para sanar, feroz para arrancarnos las cadenas. “En el principio fue tu voz”: la misma Voz que ordenó el universo también quiere ordenar tu interior. No eres una pieza suelta; eres “poesía en movimiento”. Cuando Dios marca el compás, tu corazón deja de correr por aprobación y empieza a caminar por propósito. Cuantas personas conocemos que pierden su maravillosa escencia por haber sido confinados a la libertad de hacer y decidir, manipulados por voces que hacen perder el propósito
Y aquí va el filo que incomoda: Dios no es un arma para refugio del legalismo ni la doble moral. No es un sello para sentirnos superiores, ni una excusa para juzgar. Es Amor que llama a obedecer, sí, pero obedecer como quien confía, no como quien se esconde. Ya que Dios siempre, siempre bendecirá tus desiciones y te acompaña en ellas siempre y cuando lo creas. Este tipo de letras cuando las escuchamos con profundidad quitamos las manos que quieren imponer e invitamos a las de Dios para que nos cubra, abra caminos y nos de la sabiduria de hacer las cosas correctamente.
La letra confiesa: “sé que soy un desorden… un trabajo en proceso”. Qué alivio. No tienes que fingir perfección, mostrar lo que no eres, buscar validación, reir por fuera y llorar por dentro, ponerte máscaras para sacrificar tu corazón, complacer por quedar bien; tienes que rendirte con honestidad. Somos vasos de barro con tesoro por dentro: la presencia de Dios en una vida que se deja moldear.
“Señor, ¿qué parte de mí está domesticada por miedo?”.
Suelta esa máscara: pide perdón, habla con verdad.
No escondas lo que guarda tu corazón.
Dios nos asombra.
Obedece en pequeño: una decisión concreta que honre a Dios (no a la opinión).
Ama libre: un acto de bondad que todos merecemos.
Versículo base: “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo… y plantó Jehová Dios un huerto en Edén…” (Génesis 2:7-8).
Creelo:
Si mi amor no corre libre.
Entonces prefiero no amar












