Vivir en alerta
- Kurt Bendfeldt
- hace 2 días
- 2 Min. de lectura
Cuando tu mente nunca descansa… y tu cuerpo paga el precio.
No todo el cansancio viene del esfuerzo.
A veces viene de no poder bajar la guardia.
Vivir en alerta es habitar un estado constante de tensión. Es sentir que algo puede salir mal en cualquier momento, aunque no esté pasando nada. Es pensar de más, anticipar escenarios, revisar cada detalle, como si el control pudiera evitar el dolor.
Pero no lo evita. Solo lo prolonga.
Muchas mujeres viven así sin nombrarlo. Funcionan, cumplen, siguen adelante. Desde afuera parece que todo está bien. Pero internamente, la mente no se apaga. Siempre hay algo que resolver, algo que prever, algo que sostener.
Y ese “estar listas para todo”… termina costando demasiado.
El cuerpo lo empieza a decir: tensión muscular, cansancio constante, dificultad para dormir, irritabilidad. La mente tampoco descansa: pensamientos repetitivos, preocupación excesiva, incapacidad de desconectarse incluso en momentos de calma.
No es exageración.
No es falta de carácter.
Es desgaste.
Muchas veces, este estado nace de experiencias pasadas. De momentos donde sí fue necesario estar alerta, donde relajarse no era una opción. Pero lo que en algún momento fue protección… con el tiempo se convierte en una carga que impide vivir en paz.
Porque no todo es amenaza.
Pero cuando vives en alerta, todo lo parece.
Salir de ese estado no es inmediato. Requiere conciencia, pausa, y sobre todo, aprender a confiar otra vez. En que no todo depende de ti. En que no todo necesita ser anticipado. En que puedes soltar sin que todo se derrumbe.
Bajar la guardia no es debilidad.
Es permitirte vivir sin miedo constante.
Y aunque al inicio se sienta extraño…
también es libertad.
“En paz me acuesto y me duermo, porque solo tú, Señor, me haces vivir confiado.” - Salmos 4:8









