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Al amor de mi vida..(5 meses exactos)

  • Foto del escritor: Kurt Bendfeldt
    Kurt Bendfeldt
  • hace 2 días
  • 2 Min. de lectura

Hoy vi al amor de mi vida después de cinco meses exactos.Cinco meses mirándola solo en fotos, en videos que aprendí a pausar para no romperme. Me preparé durante horas. Las manos me temblaban, no de miedo, sino de esperanza. Iba a decirle su nombre —como quien toca la puerta de casa— y contarle, sin discursos ni exigencias, que la amo. Que sigo aquí. Que estaba dispuesto a intentarlo otra vez.


Dije su nombre.Pedí hablar.Y el mundo se quedó en un gesto: un movimiento breve de cabeza, un no que no fue palabra, pero pesó como todas. Se subió a su carro y se fue. Rápido. Como si yo fuera a perseguirla. Como si el amor que llevaba en el pecho fuera amenaza y no cuidado.


No hubo oportunidad de explicar.No hubo espacio para decir lo que siento ni para ofrecer mi disposición.Y aun así, mi amor no cambió en absoluto.


No cambia porque el amor verdadero no depende de una escena perfecta ni de un final amable. Cambia cuando se traiciona; y hoy no me traicioné. Fui con el corazón en la mano, sin máscaras, sin reproches. Fui a cumplir una promesa antigua: si algo pasa, nos buscamos. Yo cumplí. Eso nadie me lo puede quitar.


La vi acompañada por un compañero de trabajo. Quizá escuchó cosas feas de mí; quizá la vida la rodeó de ruidos que no me conocen. No juzgo. No supongo. Solo sé que no es mi lugar inventar historias para soportar el dolor. Mi lugar hoy es honrar lo que sentí y soltar lo que no se dio.


Duele. Muchísimo.Duele no haber podido decirle que la amo, que la extraño, que estaba listo para caminar distinto. Duele ese silencio que no fue conversación. Pero el dolor no borra la verdad: la amo. Y amar también es respetar el límite del otro, aunque parta el pecho.


No la buscaré más. No porque el amor se haya ido, sino porque el amor también sabe hacerse a un lado cuando no hay puerta abierta. Me quedo con la lucha limpia: la de quien fue, dijo su nombre, pidió hablar y aceptó el no sin perseguir, sin gritar, sin herir. Me quedo con la dignidad de haber amado bien. Pero mi puerta quedará abierta un tiempo, porque el amor se honra.


Si algún día esta nota llega a sus manos, que sepa esto: no hubo rencor, no hubo presión. Solo ternura. Solo una verdad que no alcanzó a decirse en voz alta. Y si no llega, también está bien. El amor que fue real no necesita testigos para seguir siéndolo.


Caminaré un día a la vez. Con el corazón adolorido, sí, pero intacto. Porque amar así —aunque no te elijan— no es perder. Es haber sido fiel a lo que somos.


“Jehová está cercano a los quebrantados de corazón, y salva a los de espíritu abatido.” — Salmo 34:18

 
 
 

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