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La valentía de presentarse con el corazón abierto

  • Foto del escritor: Kurt Bendfeldt
    Kurt Bendfeldt
  • hace 2 horas
  • 2 Min. de lectura

Presentarse con el corazón abierto no es ingenuidad; es coraje. Es caminar hacia el otro sin armadura, sabiendo que puede haber un no, un silencio, una puerta que no se abre. Es decir un nombre con la voz temblando y aun así quedarse de pie. Porque la verdadera valentía no está en ganar una escena perfecta, sino en honrar lo que sentimos sin traicionarnos.


Hay días en que el amor nos convoca a un acto simple y enorme: mostrarnos tal como somos. Sin discursos largos, sin estrategias, sin condiciones. Solo verdad. Y cuando esa verdad no encuentra respuesta, duele. Duele profundo. Pero no nos reduce. Al contrario: nos define. Quien se presenta con el corazón abierto no pierde dignidad; la confirma.

La cultura nos enseñó a protegernos antes de amar, a calcular antes de sentir, a guardar la carta “por si acaso”. Pero el amor no crece en la cautela eterna. Crece en la presencia. Presentarse es decir: aquí estoy, sin prometer universos, sin exigir retornos, sin convertir el afecto en presión. Es entender que el resultado no invalida la intención.


Aceptar un no también es valentía. No insistir, no perseguir, no forzar una conversación que no fue concedida. Amar bien es respetar el límite del otro, aunque nos parta el pecho. Retirarse con respeto no es derrota; es amor adulto. Es saber que la insistencia no crea elección y que la libertad del otro no es negociable.


Presentarse con el corazón abierto deja huella, incluso cuando no hay abrazo. Deja una huella limpia: la de quien cumplió su promesa interna, la de quien no se escondió, la de quien eligió la verdad por encima del miedo. Esa huella sana, porque nos permite mirarnos al espejo y decir: fui fiel a lo que sentía.


Seguirá doliendo, sí. Pero el dolor de haber sido verdadero es distinto al dolor de haberse callado. El primero cicatriza con paz; el segundo se enquista con arrepentimiento. Por eso, aunque el amor no haya sido elegido, la valentía sí. Y eso basta para seguir caminando, un día a la vez, con el corazón herido pero íntegro.


“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón, porque de él mana la vida.” — Proverbios 4:23

 
 
 

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