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Ella ya viene, estoy nervioso...

Ella, de buena familia, empresaria; 1.77 de estatura, rubia, colocha, delgada (no me gustaban las rubias) pero...ahora... yo, con la experiencia de los años vividos, con las cicatrices que enseñan y con la convicción de que la vida todavía tiene capítulos hermosos por escribir.


Una mujer que no ha llegado desde la prisa ni desde la improvisación, sino desde la decisión consciente de conocer, de escuchar, de entender. Alguien que sabe que tengo heridas, que conoce mis historias, que no se ha asustado al escuchar lo que he vivido. Y aún así, con una determinación que me sorprendió profundamente, me dijo algo que todavía resuena dentro de mí: “te las voy a curar”. No como promesa vacía, sino como intención clara de acompañar, de remendar, de cuidar. No desde la lástima, sino desde la valentía emocional.


Tres días. Solo tres días en este momento estará para conversar, para mirarnos, para entender si nuestras historias pueden caminar juntas sin prisa, sin presión, sin necesidad de aparentar. Tres días para decidir si podemos cuidarnos sin perder nuestra esencia, si podemos acompañarnos sin invadirnos, si podemos buscar el amor desde la madurez y no desde la urgencia. Yo le llevo diez años de diferencia, y lejos de ser una barrera, siento que esa diferencia se convierte en un espacio de aprendizaje mutuo.


La conozco hace 18 años, trabajamos juntos en mi misma empresa, se fue cuando no podía ofrecerle nada porque imaginaba mi final con quien estaba. Nunca se casó. Pero así es la vida.


Me escribo esta carta como un acto de respeto hacia mí mismo, como una pausa consciente antes de un momento que puede cambiar el rumbo de mi historia. Durante mucho tiempo caminé sosteniendo heridas que no siempre entendía, heridas que aprendí a cargar en silencio, creyendo que la fortaleza era resistir sin detenerme. Pero hoy algo dentro de mí se mueve distinto.


He aprendido que el amor hacia uno mismo no es un discurso bonito, es una decisión diaria. Es mirarme al espejo con honestidad y decirme que merezco volver a creer, volver a sentir, volver a confiar. Y en medio de este momento, mientras espero hoy sábado 21 de marzo que un vuelo del otro lado del mundo aterrice, siento que algo se acomoda dentro de mí. No es ansiedad, es expectativa. No es miedo, es respeto por lo que está por suceder. Porque no se trata solo de que alguien llegue, se trata de que yo estoy listo para recibir sin esconder quién soy ni lo que he vivido. Y claro ya le compré sus 4 docenas de flores amarillas. Le dije que no se emocionará que la iba a dejar en un hotel de zona 10. y me dio mucha risa su respuesta la verdad.


Hoy no me hablo desde la pérdida ni desde el pasado; hoy me hablo desde la oportunidad que estoy a punto de darme. Porque amarme también significa atreverme a abrir una puerta nueva. Cumplí de la mejor manera el dolor, el duelo con días muy feos, no necesite un reemplazo ni sexo, ni validación porque se lo que valgo, no camine con máscaras ni con sonrisas falsas, no hice daño solo ofrecí amor. Y fui traicionado por alguien que nunca me paso por la mente que lo haría. Pero esta historia ya quedo en ese libro del pasado.


Me dijo mi mejor amiga hoy en un almuerzo -Fabiola- "espera Kurt" y yo le dije, "espere, ella nunca volvió; antes de romperme ya tenía su música en otro oido. Nunca dio la cara, nunca cerró el círculo, solo prometió y nunca pudo cumplir ni sostener. Me hizo soñar con familia y matrimonio y lo sostuvo hasta el ultimo momento, hasta que me llevo a aquel lugar y a las 20:55 de aquel 7 de septiembre me dió el sablazo. Nunca me amo, eso no es amor. No lastimas a alguien de esa manera, que miras a los ojos le decís que lo amas y a la primera de cambio cuando todo esta "listo" lo tiras a la mierd...." "le dije", "ella canta, baila, viaja, sale a comer, a ver obras musicales a todo, y yo me limite a todo por esperar, ni siquiera vi televisión en más de 160 días, yo si viví con dolor en mi corazón, orando, pidiendo restauración a Dios" y más cuando gracias a su misma sangre me fueron pasando las "notitas" que razón tenían, lo lograron: "le amplíe"... Si hubiera amado como me dijo hubiera llegado a donde sabe que estoy y hubiera enfrentado, lejos de eso se la pasa de un lugar a otro con su "parche" hasta aplaudiendo y jugando juegos de mesa, saliendo de viaje, y comiendo ella esta féliz, ahora creo que me toca a mi; ella jamás volverá y no puedo quedarme con esa idea; mi corazón se quedo lleno de amor, con esperanza, con Fe. "concluí"


Cuando platique todo esto con Fabiola, no me contestó, entonces le dije ya vez EL QUE CALLA OTORGA...


Esta espera se siente como el instante antes del amanecer, cuando el cielo aún es oscuro pero ya anuncia luz. Es el tiempo en que el corazón aprende a respirar sin cargar con el pasado, a mirar el presente como un terreno fértil donde puede crecer algo nuevo. No estoy esperando que alguien me salve; estoy esperando compartir con alguien que tenga la voluntad de construir. Y esa diferencia lo cambia todo. Porque el amor no es rescate, es alianza. No es dependencia, es decisión.


En la honestidad no se si Dios esta obrando aquí en esto, porque en el fondo de mi corazón hay algo...pero...

El pasado me rompió, para que el futuro nos encuentre más conscientes, más humilde, más preparado para recibir lo que antes no habríamos sabido sostener. Y hoy siento que esta oportunidad no llega por casualidad. Llega porque he aprendido a reconocer mis errores, a cuidar mi corazón y a entender que el amor verdadero no nace desde la desesperación, sino desde la paz interior.


Esta carta no es solo para hablar de alguien que llega; es para recordarme que yo también estoy llegando a una nueva versión de mí mismo. A una versión que ya no vive paralizada por el miedo ni detenida por recuerdos que ya no construyen. Me estoy dando la oportunidad de volver a sentir sin perder la dignidad, de volver a creer sin olvidar lo aprendido, de abrir el corazón sin dejar de cuidar mi alma. Porque el amor que vale la pena no llega para borrar, humillar, traicionar, llega para darle un nuevo sentido.


Hoy me elijo. Me elijo con mis años, con mis cicatrices, con mi historia. Me elijo con la esperanza tranquila de que este encuentro puede ser el inicio de algo hermoso o simplemente un capítulo que confirme que estoy listo para amar de nuevo. Y mientras espero ese vuelo que viene desde tan lejos, también espero con serenidad el momento de mirarla a los ojos y descubrir si juntos podemos construir algo que no nazca del pasado, sino del presente.


Porque darme esta oportunidad no es un riesgo… es un acto de amor propio.


Aquí te espero...hermosa.

 
 

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