Me caso, SI... me caso
- Kurt Bendfeldt
- hace 9 horas
- 3 Min. de lectura

El amor no es una emoción que aparece cuando todo está bien. No es una frase bonita dicha en un momento especial. No es una fotografía perfecta ni una promesa escrita en una servilleta. El amor verdadero es una decisión que se toma cuando todo tiembla. Es permanecer cuando sería más fácil huir. Es sostener. Es elegir quedarse aun cuando el corazón ha sido atravesado por la pérdida.
Amar es comprometerse cuando nadie te obliga. Es decir “sí” cuando ya sabes lo que cuesta. Es entender que el amor no vive en la euforia, sino en la fidelidad.
Por eso hoy digo algo que puede sonar a noticia, pero es confesión: me caso.
No con alguien de carne y hueso. No con una fecha en el calendario. No con una ilusión romántica que depende de circunstancias. Era parte de un plan hacerlo, pero no logre llegar en el tiempo que quise.
Me caso con Dios.
He pasado por momentos que me quebraron. He sentido el silencio más fuerte que cualquier ruido. He perdido lo que más amaba mientras aparentemente tenía todo lo demás. Y cuando la vida me quitó aquello que mi corazón abrazaba, no hubo discursos que me sostuvieran. No hubo lógica que calmara el vacío. Solo Él. Sintiendo en mi corazón todos los días ese amor, que la vida me arrebato, no me aviso solo se esfumo escogiendo otro camino, otra vida, otra forma. Pero yo inicie a levantar mis manos todos los días a pedirle a mi Dios con todas mis fuerzas solo restauración. Lei la historia de Ruth y entendí muchas cosas en la obra perfecta del Señor, sabiendo, pensando y esperando que El obre, mientras me sostiene. Perder lo que más amas de golpe te deja sin aliento. Pero Dios me ha sostenido en cada lágrima y a abierto los cielos para que mi corazón tenga la paz y el perdón por sobre todas las cosas.
Cuando todo parecía romperse, Él fue el único que no se movió. Cuando mis fuerzas se agotaron, Él no se agotó conmigo. Cuando me quedé seco por dentro, fue Él quien empezó a regar mi alma sin hacer ruido.
Por eso hoy digo me caso. Porque ya entendí que la fidelidad no es solo hacia una persona, aunque esa persona ya no este, también he sido fiel. Es hacia el propósito. Es hacia la fe sin máscaras. Es hacia una convicción que no cambia según el ánimo del día.
Me caso con mi fe sin hipocresías.
Me caso con una relación real, no de rito.
Me caso con la coherencia entre lo que oro y lo que hago.
Me caso con el Dios que me sostuvo cuando nadie más pudo hacerlo.
No es fanatismo. Es gratitud.
No es religiosidad. Es rendición consciente.
No es espectáculo. Es pacto interior.
Aprendí que la coherencia de los actos tienen que ser el reflejo del corazón, tienen que alinearse para encontrar el significado aun cuando tu alrededor diga lo contrario, renunciar a lo que quieres, buscas y sueñas lo conviertes en batalla, en lucha, en no retroceder aunque los vientos azoten.
Él sabe el deseo profundo de mi corazón. Sabe lo que pido que restaure, tofos los dias en cada momento oro. Sabe lo que anhelo. Y aunque no entiendo los tiempos, confío en Su obra. Porque si algo he aprendido es que lo que Él construye no depende del rechazo humano. Cuando pasas a perder lo más preciado, cuando entiendes las razones, incrementas tus oraciones hacia lo que amas, porque si Dios restaura sera un comienzo nuevo, si no lo hace, de igual manera curo y me sanó.
Hoy mi vida confía en Dios en todo. En lo que llega. En lo que se va. En lo que duele. En lo que sana. Me da fuerzas con los recuerdos, me da aliento de vida, me da oportunidades, me enseña que los caminos más duros son propósito.
Me caso con la audacia de creer cuando todo parece imposible.
Me caso con la convicción de caminar aunque no vea el final del camino.
Me caso con la fidelidad hasta el día que Él me mande a llamar.
Y si alguna vez dudé, hoy lo afirmo: lo que perdí no me definió, lo que me sostuvo sí.
Porque cuando la vida te quita lo que amas y aun así sigues creyendo… eso no es debilidad. Es fe madura.
Y aquí estoy con mi fe que me recuerda cada minuto que Dios tiene una promesa para mi y eso me dice. Si voy con Dios no hay espinas en el camino, no hay tormentas que no pueda pasar.
“Todo lo puedo en Aquel que me fortalece.” — Filipenses 4:13










