top of page

Una sola identidad


Vivimos en una época donde proyectar es casi obligatorio. Proyectamos éxito, estabilidad, seguridad, espiritualidad, fortaleza. Pero proyectar no es lo mismo que ser. Y cuando la identidad que mostramos no coincide con la que vivimos por dentro, empezamos a fracturarnos.


La identidad que proyectamos es la versión editada. La que pasa filtros. La que construimos para encajar, para gustar, para evitar rechazo. Es la capa que usamos para no exponer nuestras dudas, heridas o contradicciones. Y capa tras capa, terminamos cubriendo lo que realmente somos.


El problema no es mejorar nuestra imagen. El problema es perder nuestra esencia en el intento.


Hay personas que proyectan valentía y viven con miedo. Proyectan amor y viven en vacío. Proyectan fe y viven en culpa. Proyectan seguridad y viven comparándose. Esa distancia entre el “yo público” y el “yo real” genera una tensión constante. Y esa tensión cansa.


Porque sostener un personaje requiere energía que debería estar invertida en vivir.

La base de una vida sana es tener una sola identidad. No dos. No una para redes y otra para la almohada. No una para el trabajo y otra para la conciencia. Una sola.

Cuando la identidad es coherente, hay paz. Cuando lo que digo coincide con lo que hago, hay estabilidad. Cuando no necesito exagerar ni esconder, hay libertad. Pero cuando la identidad es fragmentada, aparece la ansiedad. Aparece el miedo a ser descubierto. Aparece el desgaste de sostener una historia que no es del todo cierta.


La identidad real no es perfecta. Tiene fallas, procesos, etapas. Pero es honesta. Y la honestidad unifica.


Perdemos nuestra identidad cuando empezamos a vivir según expectativas externas. Cuando dejamos que otros definan nuestro valor. Cuando hacemos cosas para ser aceptados y no porque reflejan quiénes somos. Cuando ocultamos lo que pensamos para no incomodar. Poco a poco nos alejamos de nosotros mismos.


Y aquí está la confrontación: nadie puede vivir mucho tiempo dividido sin romperse.

Ser uno mismo no es rebeldía. Es madurez. Es dejar de actuar para pertenecer y empezar a pertenecer por autenticidad. Es aceptar que no todos aprobarán tu forma de pensar, pero que no puedes traicionarte para ser querido.


La identidad sólida no necesita gritar. No necesita demostrar. Se sostiene sola porque está alineada con convicciones, valores y acciones.


Si hoy sientes que estás viviendo varias versiones de ti, detente. Pregúntate:¿Quién soy cuando nadie me ve?¿Coincide esa persona con la que muestro?¿Estoy viviendo para aprobación o para coherencia?


La vida no se construye sobre máscaras. Se construye sobre integridad. Y la integridad nace cuando decides tener una sola identidad, aunque eso implique perder aplausos.

Porque la paz no está en proyectar algo admirable.Está en serlo cuando nadie mira.


“Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos.” — 2 Corintios 13:5

 
 

Formulario de suscripción

¡Gracias por tu mensaje!

©2020 por KURTBENDFELDT. Creada con Wix.com

bottom of page