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Soltar también es amor


Hay momentos en la vida en los que esperar deja de ser esperanza y se convierte en desgaste. Nos aferramos a una posibilidad, a un “tal vez”, a una conversación que nunca llega, a una promesa que ya no respira. Y mientras esperamos, nos vamos consumiendo.

Soltar no es rendirse.Soltar es reconocer la realidad cuando el corazón insiste en negarla.

Hay relaciones que terminan sin explicación suficiente. Sin una conversación clara. Sin una despedida madura. Y lo más doloroso no es el final; es la incertidumbre. Esa espera silenciosa que se alarga porque uno todavía ama, mientras el otro ya no está

emocionalmente presente.


Aquí hay una verdad dura pero necesaria: cuando hay amor real, se lucha. Se conversa. Se intenta. Se enfrenta el miedo. Cuando nunca hubo amor profundo, la salida es fácil. No hay batalla interna. No hay resistencia. Solo distancia. Y el tiempo —ese juez implacable— empieza a hablar más fuerte que cualquier palabra.


El silencio sostenido es respuesta. La ausencia prolongada es decisión. La falta de esfuerzo es claridad.


Pero quien ama de verdad guarda esperanza. Y esa esperanza, cuando no se sostiene en hechos, empieza a convertirse en autoabandono. Se revisan mensajes antiguos, se imaginan escenarios, se justifican actitudes. Y mientras tanto, la vida sigue avanzando… sin uno.


Soltar no significa dejar de amar.Significa dejar de perseguir lo que no nos elige.

No dependemos de las heridas del otro. No somos responsables de su miedo, de su inmadurez emocional o de su incapacidad para sostener vínculos. El amor propio empieza cuando entendemos que no podemos sanar a quien no quiere enfrentarse a sí mismo.

A veces soltar es el acto más alto de dignidad. Es mirarte al espejo y decir: “No me quedaré esperando una versión que no llega.”Es elegir paz sobre fantasía. Es aceptar que el amor no se mendiga ni se negocia.


Cuando una relación larga termina sin razones claras, el instinto es buscar sentido. Pero no todo final trae respuestas. Algunos traen lecciones. Y una de las más difíciles es esta: si alguien pudo irse sin luchar, entonces no estaba listo para el tipo de amor que tú ofrecías.

El tiempo y el silencio dicen más que cualquier explicación. No esperes un discurso que no vendrá. No vivas anclado a una promesa que ya no tiene eco.

Soltar es cerrar con respeto. Es dejar de revisar el pasado esperando que cambie. Es permitirte sanar sin quedarte atrapado en la ilusión de que un día todo volverá a ser como antes.


Porque a veces lo más sano no es recuperar, sino liberar.Liberar al otro. Liberarte a ti. Liberar el espacio para algo que sí esté dispuesto a quedarse.

Soltar no es falta de amor. Es amor propio en su forma más madura.


“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón, porque de él mana la vida.” — Proverbios 4:23

 
 

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