top of page

Me estaba PERDIENDO en la soledad...


Aquí tirado en mi cama, veo mi pasado, mi presente y mi futuro. Nada de lo material me falta, de hecho hay cosas que sobran, entendí algo que duele decir en voz alta: yo no me estaba perdiendo de golpe… me estaba perdiendo en silencio.


La letra de la albanza Justo a tiempo lo cuenta como si fuera mi diario: intenté “arreglarlo” solo, busqué alivio, me puse fuerte por fuera, pero por dentro la soledad me iba deshilachando. Y lo más crudo es esto: reconozco que fui responsable. No porque Dios me haya soltado, sino porque yo solté disciplinas, promesas, límites; dejé pendientes lo que debía limpiar; herí donde debí cuidar; callé donde debí actuar. Y luego me pregunté, como quien se mira al espejo sin saber quién es: ¿en qué momento me convertí en esta versión de mí?. He tratado siempre de dar lo mejor de mi y en los momentos de mi vida donde me entregue no fue suficiente, no fui suficiente. Y ese cuestionamiento da vueltas en la cabeza, recibo una visita y me dice, tienes que seguir pensando que todo se arreglará porque así es la vida.


Entonces pasó lo que pasa cuando Dios todavía te quiere vivo: alguien mencionó Su nombre. Alguien muy especial me comparte la alabanza —no como entretenimiento— sino como una señal. Como si me dijera: “Aún puedes llamar. Aún puedes volver.” Y yo llamé… no desde la altura, sino desde el piso. Porque cuando uno toca fondo, ya no negocia con la apariencia: o te rindes de verdad, o te hundes.


Pero rendirse de verdad no es solo decir “perdóname, Dios” y seguir igual. Es limpiar lo que dejé sucio. Es reparar lo que comprometí. Es pedir perdón donde fallé y cumplir lo que prometí. Es dejar de usar la fe como escondite y empezar a vivirla como camino. Porque el amor que salva también endereza.


Y ahí, justo ahí, Él llega: justo a tiempo. Cuando mi fuerza ya no alcanza, cuando mi orgullo ya no sirve, cuando la soledad pesa demasiado. No llega a aplaudir mis excusas; llega a rescatar mi alma. Y me devuelve una razón: volver a ser íntegro, volver a ser hombre, volver a mi… y caminar recto aquí en la tierra para que el gozo sea completo. Si Dios es por mí, entonces hoy elijo levantarme y hacerlo bien, con lo que mi Dios me de. Porqué ya no quiero silencio ni soledad, quiero amor, refugio, abrazo sincero, platica larga, comida con sal y postre de almendra. No es suficiente tener todo lo que tocas material, para vivir, no es suficiente tener los recursos para tomar un avión. Lo que basta es el toque de la mejilla que te recibe con amor.


Versículo: “Me sacó del pozo de la desesperación… puso luego en mi boca cántico nuevo.” (Salmo 40:2-3)


(Y si alguna vez esa frase de “ya no quería vivir” se te vuelve real en el pecho, no lo cargues solo: busca ayuda inmediata con alguien cercano o un profesional. Tu vida vale demasiado.)

 
 

Formulario de suscripción

¡Gracias por tu mensaje!

©2020 por KURTBENDFELDT. Creada con Wix.com

bottom of page