NO RENUNCIES
- Kurt Bendfeldt
- hace 3 días
- 3 Min. de lectura
No renuncies cuando el miedo toque tu puerta y te haga dudar de todo lo que has construido. No renuncies cuando la incertidumbre parezca más grande que tus fuerzas ni cuando la voz interna te susurre que ya no vale la pena continuar. Muchas personas renuncian no porque el camino haya terminado, sino porque el miedo les hizo creer que no eran capaces de llegar. Renuncian por inseguridad, por cansancio, por incapacidad momentánea de ver lo que Dios ya ha preparado para ellos, y en ese instante dejan caer lo que estaba a punto de florecer. He estado por mucho tiempo de viaje en estos meses, la semana anterior vole a Aruba de una u otra manera el estar de viaje solo a hecho en mi un cambio increíble. Estoy a punto de tomar la desición de irme a vivir fuera y retomar mi vida, es un tema de valentía el cual tengo que decidir. He conocido muchas personas en estos viajes y me doy cuenta que muchas y muchos son verdaderamente valientes y el resultado de sus vidas es libertad.
Renunciar parece fácil cuando el corazón está herido o cuando la mente está saturada de dudas. Parece una salida rápida, una forma de escapar del peso de las responsabilidades, de los compromisos y de los desafíos que exige la vida. Pero renunciar casi nunca es una solución, es una pausa que muchas veces se convierte en pérdida. Cada vez que alguien renuncia por miedo y no por convicción, abandona oportunidades que estaban listas para manifestarse, deja atrás bendiciones que ya estaban formándose y rompe caminos que habían sido preparados con esfuerzo y propósito.
Renunciar es como soltar la semilla justo antes de que la tierra empiece a abrirse para darle vida. Es abandonar el barco cuando la tormenta está por terminar y el horizonte comienza a aclararse. Es dejar caer los sueños en el momento en que estaban más cerca de convertirse en realidad. Seguir, en cambio, es un acto de fe. Es creer que cada paso que damos tiene sentido, incluso cuando el cansancio pesa y el camino parece incierto. Seguir es confiar en que la bendición no siempre llega en el momento que esperamos, pero sí en el momento que necesitamos.
Muchas personas renuncian por incapacidad emocional para sostener los procesos que la vida exige. Renuncian porque no aprendieron a resistir el dolor, porque no toleran la incomodidad o porque no creen en su propio valor. Sin darse cuenta, convierten el miedo en su guía y la duda en su destino. Y cuando eso sucede, lo que estaba listo para ellos se pierde, no porque no existiera, sino porque decidieron soltarlo antes de tiempo. Renunciar por miedo es permitir que la inseguridad gobierne la vida y que el propósito se diluya en la indecisión.
Seguir no siempre significa avanzar sin miedo, significa avanzar a pesar del miedo. Significa recordar que las bendiciones no llegan a quienes abandonan todo en el primer obstáculo, sino a quienes resisten con fe y determinación. Seguir es bendición, porque cada paso sostenido fortalece el carácter, cada intento renueva la esperanza y cada decisión de permanecer abre puertas que antes parecían imposibles. Renunciar, en cambio, muchas veces es cerrar puertas que Dios había preparado con amor y propósito.
Dios no nos llamó a rendirnos ante la dificultad, nos llamó a perseverar con dignidad. Él conoce nuestras debilidades, nuestras dudas y nuestros temores, pero también conoce el propósito que colocó dentro de nosotros. Cada vez que decidimos seguir, aun con el corazón cansado, estamos honrando el regalo de la vida que Él nos dio. Cada vez que nos levantamos después de una caída, demostramos que la fe es más fuerte que el miedo y que el propósito es más grande que la incertidumbre. Tenemos que ser más valientes siempre, es difícil SI, pero tenemos que serlo.
No renuncies a lo que amas, no renuncies a lo que sabes que tiene valor y no renuncies a aquello que fue sembrado en tu corazón con propósito. Porque muchas veces lo que parece difícil hoy es exactamente lo que mañana se convertirá en la bendición que estabas esperando. No renuncies… porque seguir es creer, seguir es confiar y seguir es honrar la vida que Dios puso en tus manos.
"No nos cansemos, pues, de hacer el bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos."
— Gálatas 6:9










